El aleteo de sus párpados revela el efecto de la droga inoculada por la aguja hipodérmica y entonces el Matemático sueña...
Un bosque cobija en su seno una abigarrada cabaña cuyo suelo se encuentra tapizado por un mar de cables que alimentan el frenesí maquínico de un panel de computadoras en forma de panóptico.
EL sordo zumbido estático revela al Matémático el anhelado algoritmo de optimización, cómo desplegándose se desprende de la Naturaleza. Pasando de una pantalla a otra observa miles de caracteres que juntos forman un inefable grimorio dictado por una Inteligencia Artificial de Enjambre.
Destellos rítmicos de luciérnagas personalizando el Colectivo se enfrentan y entrelazan con intrincados gráficos, abigarrados mapas heurísticos de manadas de lobos en el que El Cazador es el Azar, el agente contingente del algoritmo de búsqueda que disemina la manada, compuesta ésta a su vez por Individuos que sólo coordinan sus movimientos con sus compañeros cuando otro encuentra una mejor posición para atrapar a su presa.
Iteraciones cinegéticas imitando diseños moleculares flexibilizan el algoritmo, lo hacen resistente a la vulnerabilidad.¿Y sin embargo, por qué su hallazgo le produce una íntima y creciente desolación que no puede llegar a describir?.¿Qué rumor, qué latido inhumano se ha apoderado ahora de su delirante pero a la vez tan vívido sueño?
Aterrado ahora el Matemático comprende.Tras serle revelado el último secreto el muro volverá a ser levantado y la sentencia dictada. Tumbado sobre el eléctrico lecho de la cabaña será condenado a eternamente observar como es aguijoneado por sintéticos zarcillos que inoculan deformes visiones del insondable Multiverso
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