
Un claro de bosque apenas bañado por la mortecina luz de una luna nueva va tomando vida con figuras, formas y sonidos que al principio son sólo ecos,reverberaciones espectrales de lo que fue y ya-no-es-más, que van abriéndose paso en la noche y que gradualmente adquieren corporeidad para el único Espectador de la representación; aquél que a su vez es autor de la obra y demiurgo de su propia ensoñación. Escritura y representación simultánea de una dramaturgia velada a la razón, magia oscura y acechante como el reptar de una serpiente negra que con los destellos de su rojo vientre recuerda su origen divino.
Un mar de antorchas iluminan ahora el bosque y en medio del claro un túmulo ha sido erigido entrelazando los árboles sus raíces y utilizando como base una argamasa de sangre y verdes secreciones. El escenario está dispuesto para la obra.
La fronda ahora herida de luces y sombras escupe una música ancestral, atonal y amenazante, ejecutada por invisibles tambores y aulós que hieren el viento con abominaciones e insinuaciones de sangre derramada, de libaciones y carne despedazada en el altar del sagrado escenario.
Un embriagado coro compuesto por imposibles mezcolanzas de formas humanas y animales avanza con anárquico paso hacia la improvisada orchestra, semicírculo situado al pie del escenario y circunvalado por abigarrados signos de ignotas caligrafías. Declaman al unísono un canto lírico, burlesco y procaz , repleto de obscenidades e imprecaciones que son el aliento y el delirio inducido por un dios extranjero , no tanto por la procedencia de su culto sino por el rechazo en su propia tierra. Bromio mientras, deshace su enigmática máscara en una sonrisa enmarcada por terribles labios , mojados en vino y en paroxismo que inducen al coro a una frenética danza de ritmos cósmicos y eterno movimiento circular. La Muerte baila con ellos y su giro alrededor de la orchestra levanta un torbellino de renovación y vida inextinguible que hace comprender al Espectador que Sueño y Representación, Representación y Sueño son simples términos vacíos, balbuceos de un lenguaje que no comprende su unicidad.
De manera simultánea el escenario ha ido siendo ocupado por los principales actores de la función. Pertrechados con máscaras y roídos ropajes juegan como niños , a ratos traviesos, a ratos circunspectos, pero en todo momento conscientes de la relevancia de su terrible juego. Piruetas, juegos de palabras, bailes e invocaciones nos parapetan del insondable enigma de la Esfinge, el cual una vez resuelto rompería los frágiles resortes de nuestra cordura. Aquél de entre los actores que ha muerto en el escenario vuelve a entrar, tras cambiar de disfraz, caracterizado de otro personaje.No, Espectador, ese actor no ha muerto de verdad y sin embargo esto que estás presenciando no es una ilusión o un mero truco de prestidigitador. Mañana cuando retornes a este claro, cuando las antorchas vuelvan a prender en sus teas habrás olvidado las innumerables veces que estuviste aquí observando, reescribiendo tu propia creación. Ahora es tiempo otra vez de oscuridad...luces fuera
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